La corriente de tus ojos cautos, silenciosos y corroídos por la ausencia de luz, me hiere dentro. Solo las cigarras conocen el latir de mi tormento, bajo el hastío que cubre la piel y las escamas.
Ayer agarrábamos los cables que conectan tus pulmones con los míos mientras las tijeras de la costurera del final de la calle agujerean nuestra guarida. Y tú, que escapaste cuando nadie te oía.
De mi tus pedazos, esos que pululan en este habitáculo donde aún el reguero de tu olor martillea sobre mi sangre. De mí, y me los quedo, sujetos al pecho para amarrarme al calor de lo frágil y absurdo que es no saberte. En la cueva azul, cualquier duermevela de verano. Los fragmentos.
* El proyecto reflexiona sobre el desamor y los huecos que nos quedan, inexplicables e “irrellenables” cuando un ser amado nos deja. Sobre lo volátil y estremecedor de sentir sin saber controlarlo.