Brotan los recuerdos como la sangre de las heridas. Su sabor endulza las encías y, rojos, se cuelan entre las garras de estas noches en vela. La vida se escapa pero guardamos, como latas en conserva, el aroma de aquellos instantes volátiles que laten dentro y se depositan en algún escondite de luz inalcanzable. No los robarás, no te los llevarás, se irán conmigo y tus manos se despedazarán vacías, como esta habitación de paredes sombrías y encuentros blancos.